ABRAXAS ARCHIVO

lunes, 29 de agosto de 2011

Adiós Paraíso, Fotogalería. Fotógrafo: Miguel Alatorre.



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ADIÓS PARAÍSO, resumen por el Socioanalísta Carlos López.



Nos encontramos en un escenario desolado, en el que una mujer busca mantener en pie una realidad virtual que ella misma ha elucubrado quizá con el fin escapar de aquella otra realidad, un tanto más material, que se vislumbra resquebrajada. Un mal recorre el mundo provocando la muerte casi instantánea de todos y muy pocos están logrando mantenerse en pie: algunos por millonarios, otros mediante el encierro, y algunos más por locos. Así es, los locos siempre contarán con mejores defensas en todos los sentidos, contra cualquier adversidad, si bien no por estar desestructurados, sino por aceptar que, como decía Lévi-Strauss, el mundo comenzó sin el hombre y acabará sin él.



La obra va cobrando vida conforme descubrimos a un Adán que le ha dejado su ser al desgano, a merced de otro delirio: una frágil esperanza en sus cuadros, su refugio, su soga al cuello.
Estamos atrapados en la intranquilidad de una casa sellada y de una relación que acaba al paso que el mundo afuera se derrumba. Y es que cuando todo afuera sucumbe y ante la imposibilidad primera de tener algún remedio, el sujeto se repliega, se encierra en las sombras herméticas de su individualidad. La individualidad no es más que la ruina del ser. La relación de Eva y Adán no es otra cosa que una lombriz a la que se le ha cortado la cabeza y que antes de morir, se dobla frenética como para dejar constancia en el breve espacio que ocupa en la tierra de su paso por el mundo.



Y en el principio fue el crimen, y Eva lo cometió. Se caen las hojas, se acaba el fruto, se cae el sueño.
Asistimos a una época que ya no quiere ser más, que busca huir, cínica inculta, de las posibilidades que ofrece la contienda. La obra nos representa, desvergonzada y altiva, ese sentimiento de época primero, que sucede al cansancio: la desolación, la sumisión. Nos deja ver ese anhelo de finitud expedita. Y es que no existe aniquilamiento del ser, si no existen las condiciones que la propicien.



El teatro es el arte del cinismo de nuestras comisuras; hoy el teatro no puede ser ya condescendiente con la humanidad. Ha llegado la hora en que la dramaturgia debe cobrarle al espectador las deudas pendientes. Durante siglos el teatro gozó del privilegio de adentrarse en el inconsciente, pero de un tiempo hacia acá, el teatro se limitó a ser mero entretenimiento, lo que no tendría nada de malo, de no ser porque los escenarios eran forzados a callar lo que ahora, gracias a la pluma de estos audaces jóvenes y a su generación, podemos comenzar a escuchar. El teatro es una aproximación dramática a una verdad llana.



Se llama sentimiento de época a aquel que se plasma en las distintas artes de un momento histórico. El nuestro no puede presumir de tener un conocimiento de causa; sabe que hay algo dentro que le inquieta pero no cuenta con las herramientas para expresarlo; tal como el niño hace cuando tiene hambre y no sabe cómo darlo a entender.
Asistimos a una época que no quiere ser más. Nos apresuramos pronto a un encierro abominable: la tecnología. Cuando todo afuera se derrumba, sólo queda por salvar el propio pellejo. Una época fenece y nada podemos hacer para evitarlo, sino sólo replegarnos en la celda virtual que hemos diseñado como escapatoria. El mundo real, ¿ha muerto? Esto podría decirse con total seguridad. Sin embargo, es necesario reconocer que hay algo latente en la destrucción: la posibilidad. Ningún proceso es definitivo. La idea de destrucción total sólo puede ser una sentencia de la ignorancia. Y esta obra de teatro lo plasma de manera ejemplar.



Las artes de hoy son ese berrido del niño inconforme que algo quiere decir, aunque no sepa qué. Quizá las artes nunca tuvieron una encomienda más sencilla: sólo bramar. Esta obra es un lamento. Sí, esta obra es un síntoma de que el vacío comienza a reclamar su lugar.
Con todo y su capacidad devastadora, el mundo allá afuera siempre resultará más interesante que la enfermiza tranquilidad de lo virtual. La quietud es el más abominable de los infiernos.

jueves, 21 de julio de 2011

ADIÓS PARAÍSO





Es el nombre de nuestro nuevo proyecto que ya se esta cocinando, y que nos mantendrá ocupados en distintas actividades por lo menos en lo que resta del año.


Escrita y dirigida por Iván Esquer, con el regreso al escenario de la actriz Alejandra Trujillo, con el debut en teatro del músico Antonio Alatorre y el la participación creativa de Iván Romo y el excelente fotógrafo Miguel Mariano A.


ADIÓS PARAÍSO

proximamente.


Premisa:


Adán y Eva algún día fueron una joven y moderna pareja de enamorados. En la actualidad se encuentran devastados ante la noticia del irremediable fin del mundo. Sin embargo, se prometen mirar al frente y en el nombre del amor, abandonarlo todo y estar juntos ante lo que tenga que suceder. En la cotidianeidad del hogar, Adán ha aconsejado a Eva no cortar el último fruto que cuelga del manzano que ambos conservan en su jardín, pues ha dedicado varios días a tomar ese fruto como paisaje e inspiración en el nuevo cuadro de tela que pinta con oleo. Eva, un día en que el ansia la carcomía, corta el fruto y lo devora; ante una crisis nerviosa de Adán, su enojo acumulado, se desencadenan una serie de sucesos y palabras, que vislumbran la evidente fractura que la relación ha padecido desde hace tiempo, fractura que parece irremediable. Inmersos en una relación competida, molesta, intolerante y absurda. Alejados mental y espiritualmente, Eva desafiante decide revelar a Adán un terrible secreto que podría cambiar el rumbo de sus destinos justo en el peor momento de sus vidas, y de la vida en general, el fin de los tiempos.